No tengo plata ni oro pero lo que tengo te doy!


La frase Dios le bendiga, contiene un poder genuino y una verdad innegable puesto que toda bendición proviene de Dios, pero también es de alguna forma tomada como un amuleto, o algún tipo de conjuro en el cual se espera que por arte de magia, las cosas se den o se hagan realidad. La verdad es que esta frase en particular sirve como un escudo protector para quienes la dicen ligeramente y sobre todo cuando se dicen a personas que están en algún tipo de necesidad material en respuesta a esa necesidad, dejándoles a la espera del mana del cielo; es una de las frases que con mayor frecuencia se escucha en el contexto evangélico y porque no decirlo, también dentro de un contexto general se utiliza; inclusive como muletas en el lenguaje, frases que son tan comunes, que no transmiten nada, que no necesariamente son ciertas, frases que se dicen no más por decirlas.
En un país como El Salvador, es común encontrar personas con necesidades materiales y fisiológicas, que son determinadas por diferentes razones que van desde la determinación personal hasta políticas que favorecen a muy pocos, cualquiera que fuere el caso no es un tema a tratar en este momento; el tema está más bien enfocado a lo que cada individuo hace cuando se encuentra con una situación de estas y como se reacciona ante las necesidades ajenas.
Ante tales necesidades o situaciones, muchos responderán bíblicamente y de forma elegante, a los pobres siempre los tendréis con vosotros; (Juan 12:8 a) será que se trata de una pobreza espiritual o material? Probablemente ambas, pues las personas necesitan a Jesús en el plano espiritual el cual luego actúa de manera material, lastimosamente los individuos se quedan cortos al presentar lo espiritual únicamente, y no toman en cuenta que también sus necesidades materiales y fisiológicas deben de ser cubiertas y es aquí donde las personas se pierden.
Las instituciones eclesiásticas en su afán de crecer numéricamente pierden de vista el mensaje; algunos inclinaran la balanza a lo material únicamente y algunos otros solo lo espiritual, el pensar que las personas merecen por algún castigo divino estar en situaciones de pobreza o necesidad de cualquier tipo es estar en convergencia con la idea hinduista de que el menesteroso esta en esa condición porque algo malo hizo en su vida pasada, que lo llevo a reencarnar en su actual condición, no hay diferencia alguna al pensar de esa manera.
28 Cuando uno de los escribas se acercó, los oyó discutir, y reconociendo que les había contestado bien, le preguntó: ¿Cuál mandamiento es el más importante de todos? 29 Jesús respondió: El más importante es: “ESCUCHA, ISRAEL; EL SEÑOR NUESTRO DIOS, EL SEÑOR UNO ES; 30 Y AMARAS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZON, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU MENTE, Y CON TODA TU FUERZA.” 31 El segundo es éste: “AMARAS A TU PROJIMO COMO A TI MISMO.” No hay otro mandamiento mayor que éstos. (Marcos 12:28-31)
Se debe amar a Dios por sobre todas las cosas y en esto es que la mayoría está “muy bien” y concuerdan, pero hay algo que se olvida y es lo que sigue sobre amar a Dios, lo cual es el amor al prójimo, al final entonces habría que evaluar si el amor que se dice tener por Dios es real o genuino, sera que se puede amar a Dios sin amar al projimo, pues las acciones dicen lo contrario.
No se puede negar que muchas veces la situación de necesidad en que se encuentren la personas es un proceso de Dios, pero no se puede perder de vista la responsabilidad que cada individuo tiene en esta tierra para poder mostrar el amor y misericordia de Cristo, la cual es a través de cada vida cristiana.
La comodidad de los individuos en las iglesias, partiendo desde los altos liderazgos y reproduciendose en forma de cascada hacia los miembros de las congregaciones, hace que las frases huecas y los textos sacados de contexto se hagan pretextos para no vivir La Palabra.
“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; 36 estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.” (Mat 25:35)

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